La dosis correcta: ni tan sedado que dejas de ser tu, ni tan poco que oscilas
Preguntas que nadie te contesta

La dosis correcta

Contenido revisado por el Dr. Rafael Fernández García-Andrade · Psiquiatra · H. Clínico San Carlos · UCM

Te tomas la pastilla y esperas. No sabes muy bien qué, pero esperas. ¿Y si me deja atontado? ¿Y si me apaga eso que soy yo, la chispa, las ganas? O al revés: ¿y si es poco, y dentro de un mes vuelvo a subir sin frenos? Miras el blíster en la mano y piensas que ahí dentro hay un punto exacto… y que no sabes si lo has encontrado.

Ni tan sedado que dejas de ser tú. Ni tan suelto que oscilas. En algún sitio, en medio, está el punto.

Encontrarlo no es magia ni suerte. Es un oficio —y conviene saber cómo se hace—.

El punto justo existe, pero no se acierta a la primera

Buscar la dosis correcta es un ajuste fino, y fino quiere decir lento. No son días: son meses de subir un poco, esperar, mirar qué hace el cuerpo, corregir. Se parece más a afinar un instrumento que a apretar un interruptor. Nadie da con la tecla exacta el primer día, y que tarde no significa que vaya mal: significa que se está haciendo con cuidado.

La prisa aquí es mala consejera. El punto no se conquista de un salto; se rodea.

Se busca por señales, no por sensaciones

Y se busca mirando datos, no corazonadas. Hay señales que se cuentan:

Esas señales las pones tú —con tu registro— y las lee tu psiquiatra, que ve lo que a ti se te escapa. Entre los dos se triangula el punto. Ninguno lo encuentra solo.
Aquí explicamos cómo funciona el tratamiento y su ajuste.

El miedo a quedarte plano —y por qué está mal planteado—

El miedo grande es este: que la medicación te apague, que te deje plano, que te quite lo que te hace tú. Es un miedo legítimo y hay que mirarlo de frente, porque esconde una confusión. Aplanamiento no es lo mismo que eutimia.

El aplanamiento es un efecto de exceso: demasiada dosis, y el mundo pierde color, te da igual lo que antes te importaba, funcionas en gris. Eso no es el objetivo; es una señal de que hay que corregir a la baja. La eutimia es otra cosa: es sentir, con todo su color, pero sin que la emoción te arrastre. Sigues siendo tú. Solo que el volumen ya no lo pone la enfermedad.

Un buen ajuste no te apaga. Te devuelve el mando. Si te apaga, no es buen ajuste —es demasiado, y se dice—.

Qué hacer con esto

Lo esencial cabe en una frase: el punto se ajusta con tu psiquiatra y tu registro, nunca por tu cuenta. Subir o bajar la dosis por tu cuenta —porque te sobra un día o te falta otro— rompe meses de afinado en una tarde. Lo que sí puedes hacer, y es mucho, es aportar buen material: anota el sueño, la energía, la chispa, los efectos que notas. Ese registro es la mitad del trabajo del ajuste.

Y si notas que te apagas, no lo aguantes en silencio pensando que es el precio. Díselo. Muchas veces el plano se corrige, y ese ajuste solo pasa si lo cuentas.
Aquí contamos cómo se dosifica el litio, un afinado igual de fino.


Nota de cuidado. Si estás pasando un momento difícil o tienes pensamientos de hacerte daño, en España tienes la Línea 024 (24 h, gratuita y confidencial). En una emergencia, 112.

En una línea. El buen ajuste no te apaga, te devuelve el mando: aplanarse es exceso, no eutimia. El punto se busca despacio, con tu psiquiatra y tu registro —nunca solo—.

No te enfrentes a esto a ciegas.

Cada semana te escribimos un correo con un artículo nuevo sobre el trastorno bipolar, en lenguaje claro y revisado por un psiquiatra. Para quien lo vive y para quien acompaña.