Trastorno bipolar y peso: por que adelgazo arriba y engordo abajo
Preguntas que nadie te contesta

Trastorno bipolar y peso

Contenido revisado por el Dr. Rafael Fernández García-Andrade · Psiquiatra · H. Clínico San Carlos · UCM

Te subes a la báscula y no te reconoces. Otra vez. Hace unos meses la ropa te bailaba, comías por obligación, se te olvidaba hasta cenar. Y ahora te aprieta la cintura, abres la nevera sin hambre real y el pan y el chocolate te llaman a gritos…

No has cambiado de vida. No te has vuelto vago ni glotón de un día para otro. Ha cambiado otra cosa, por debajo: tu ánimo. Y el ánimo, en el trastorno bipolar, mueve la báscula en las dos direcciones.

Conviene entenderlo, porque cuando sabes por qué pasa dejas de peleártelo como si fuera falta de voluntad — y empiezas a leerlo como lo que es: un dato más de tu estado.

Arriba: el cuerpo a mil, la comida en último lugar

En una fase alta —una hipomanía, una subida— el cuerpo entra en modo aceleración. Y comer deja de estar en la lista de prioridades. Varias cosas empujan a la vez hacia el mismo sitio:

Menos entra, más se gasta. La cuenta sale sola: se pierde peso. Si quieres ver el resto del cuadro de la fase alta, lo desgloso en el artículo sobre la hipomanía.

Abajo: la quietud, el hambre y los hidratos

En la depresión bipolar el péndulo se va al otro extremo, y no siempre como la gente imagina. La depresión «de manual» quita el hambre; pero una parte enorme de las depresiones bipolares son de tipo atípico, y ahí ocurre lo contrario:

Más entra, menos se gasta. El resultado, otra vez, cae por su peso: se engorda. Puedes ver cómo encaja esto en el vaivén general en las fases del trastorno bipolar.

El mismo eje, dos direcciones

Ese es el mecanismo que casi nadie te explica: no engordas o adelgazas al azar. Es tu estado de ánimo el que empuja la báscula, arriba en una dirección y abajo en la otra. El peso, muchas veces, no es la causa de nada. Es un termómetro más de por dónde anda tu ánimo.

La cara B: la báscula no es tu juez, pero tampoco es inocente

Aquí hay dos trampas. La primera: convertir la báscula en un tribunal moral y machacarte por una cifra que no nació de tu falta de disciplina, sino de tu enfermedad. La segunda, más silenciosa: que adelgazar en la subida se sienta como un premio. «Por fin estoy delgado» es una frase peligrosa cuando el precio de esa delgadez es una hipomanía. El cuerpo mejora de aspecto mientras la cabeza se descontrola. No confundas una cosa con la otra.

Y una aclaración importante

Todo esto va del efecto del ánimo sobre el peso. Hay otro factor distinto que también mueve la báscula —la medicación—, y ese merece capítulo aparte, porque el mecanismo y, sobre todo, qué hacer con él no tienen nada que ver. Lo trato por separado; de momento, si tomas litio u otro estabilizador, tenlo en la cabeza como una pieza distinta.

Cómo leerlo

Un cambio brusco de apetito o de peso, sin que hayas cambiado nada de tu vida, es una señal que merece atención:

Y llévalo a tu consulta. A veces el cuerpo avisa del cambio de fase antes que la cabeza.

En una línea. Arriba adelgazas porque el cuerpo corre y olvida comer; abajo engordas porque se para y pide hidratos. No es tu voluntad: es tu ánimo moviendo la báscula — y por eso la báscula, bien leída, también te avisa.


Nota de cuidado. Este contenido es divulgativo y no sustituye a tu equipo. Si estás pasando un momento difícil, en España tienes la Línea 024 (24 h, gratuita y confidencial). En una emergencia, 112.

No te enfrentes a esto a ciegas.

Cada semana te escribimos un correo con un artículo nuevo sobre el trastorno bipolar, en lenguaje claro y revisado por un psiquiatra. Para quien lo vive y para quien acompaña.