A veces, con toda la buena intención, soltamos frases que hacen más daño que el silencio. No por mala fe: por no saber. Aquí van las más comunes y por qué duelen.
"Anímate, que no es para tanto"
Minimiza. La depresión no se quita con ganas, igual que una fiebre no baja porque le digas que se anime. Mejor: "Estoy aquí, cuéntame."
"Todos tenemos altibajos"
Iguala una enfermedad con un mal día. Le dice a la persona que exagera. Mejor: "Esto que tienes es real y me lo tomo en serio."
"Pero si se te ve genial"
Sobre todo en fases altas o cuando alguien aparenta estar bien. Invalida lo que siente por dentro. Mejor: "¿Cómo estás de verdad?"
"¿Te has tomado la pastilla?"
Usado como reproche, convierte cada conflicto en un interrogatorio y reduce a la persona a su medicación. Mejor: acompañar el tratamiento sin usarlo como arma arrojadiza.
"Es que cuando quieres, puedes"
Echa la culpa a la voluntad. Da a entender que, si está mal, es porque no se esfuerza. Mejor: "Sé que no depende de ti, dime cómo te ayudo."
La idea de fondo
No hace falta tener la frase perfecta. Hace falta escuchar más y arreglar menos. Casi siempre, "estoy aquí" vale más que cualquier consejo. → Si acompañas a alguien, te ayudará convivir con una persona bipolar.
Nota de cuidado. En España tienes la Línea 024 (24 h, gratuita y confidencial). En urgencia, 112.
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